Esta entrada va dedicada nuestro amigo vasco, allí dónde este, que hace muchos años que no le veo. Hay que reconocer que en esta ocasión fue el alma pater de la fiesta.Bueno bueno, pues muchos os acordaréis un fin de semana del año 1996 o por ahí, no lo recuerdo con frescura, hace ya mucho tiempo, que nos dio por organizar una “pequeña” cena en la finca que los abuelos de Casas tenían en Villasinta. Recuerdo la finca cuando entramos. Eran unos 1000 m2, con una pequeña casita que se componía de una cocina y una habitación separada por cortinas. La huerta del abuelo, bien arreglada y con sus lechugas a puntito de servir para ensalada. A la finca no llegaba ni luz ni agua, teníamos que sacar el agua de un pozo artesiano que se situaba a pocos metros de la construcción y para la luz, teníamos un generador, pequeño, a gasolina, que bien nos hizo las funciones para tener encendidas un puñado de bombillas.Para la cena llevamos de todo…. o de casi todo. Lo que si recuerdo que había era un buen surtido de bebidas, dos cajas de vino y una (caja) de whisky, entre muchas botellas de refrescos y unas cuantas bolsas de hielo. Éramos unos treinta, bastante gente, y a cada cual, más borracho. Casas se enfadaba cada poco y ponía orden como bien podía, pero claro, la tarde noche avanzaba y pasamos de ser gente a ser animales sin demasiada conciencia.
Recuerdo que ya estaba la noche bien metida, no se que hora podría ser, pero rozaría la media noche, y de repente, pofffff, todo se quedó a oscuras. El generador se quedó sin gasolina. Hasta ahí no había ningún problema, sería facil volver a tener luz, con la “simple” acción de llenar el depósito del generador, pero claro, las cabezas estaban un poco turbias y pasó lo que considero un susto bastante curioso y que a continuación paso a relatar:
Casas se acercó a por la garrafa que contenía la gasolina (de aquella con plomo, la que olía bien) y claro, el hombre no veía por donde echarla porque, como dije arriba, era ya muy de noche y todo estaba oscuro. Pero claro, alguien tenía que estar allí para solucionar el problema, ese era el “todopoderoso” VASCO. Un persona indescriptible, habría que conocerla para poder opinar. La idea genial del Vasco, no fue otra que alumbrar con un mechero, a lo que casas se lo agradeció, pero claro, todos sabemos que fuego y gasolina no se llevan, todos menos ellos, que lo comprobaron aquella noche.
Yo estaba cerca, recuerdo que les estaba diciendo que íbamos a reventar, pero ellos aseguraron que no, es más, la operación empezó bien, el problema fue cuando una gota que salpicó se inflamó con el calor de la llama del mechero. Aquello originó una explosión, mediana, pero que rápidamente se extendió por toda la huerta del abuelo de Casas. El generador estaba en llamas, la garrafa había explotado y había gasolina y fuego en unos cuantos metros cuadrados. Pero otra vez al Vasco se le iluminó la mente y dijo, todos quietos que tengo la solución. Saco un cubo del agua del pozo y la tiró sobre la garrafa y la gasolina que había derramada. El resultado fue una nueva explosión y la gasolina, mezclada con el agua, corría encendida ya por varios sitios. Todos estábamos alucinando de la nueva peripecia de nuestro amigo el Vasco. Mientras todos mirábamos impotentes y pensábamos el qué hacer en medio del barullo de las llamas, hubo dos chicas que reaccionaron antes que nosotros e impidieron que la cosa llegara a la tragedia. Entre las dos cogían tierra con las manos y la echaban encima de los sitios que estaban ardiendo y se apagaba. Parecían auténticas retropalas, que velocidad, que dedos más duros para excavar y conseguir tierra, nos dejaron impresionados. Éstas dos criaturas, una de las cuales se llamaba Sara y la otra no recuerdo, era gaditana y tenía un vida un pelín complicada, las había conocido en la piscina de Mansilla de las mulas, cuando estuve trabajando como socorristas y las habíamos invitado aquella noche para la super merendola y para lo que cayera (esta mal dicho pero vamos, que muchos íbamos con la misma idea, de que como se descuidaran…. alguno las caía encima seguro). Gracias a ellas aquello se solventó y pudimos seguir con la gran fiesta, y además, aquello prometía. Recuerdo la cara de Casas con las pestañas, cejas y flequillo carbonizados, todo un poema y para ver.
Bueno pues ya llego la hora de ir para casa sin demasiados sobresaltos más. Serían las 6 de la mañana y todo había transcurrido más o menos. Primero se van unos, entre ellos uno de los más “responsables”: Roberto “Mayo”. Que salió con su R11 y cuando sólo hacía 5 minutos que había marchado, de repente llega andando… se había quedado enganchado en un reguero que había a la salida de la finca. Fuimos para allí unos cuantos y cogimos el R11 como si fuera una pluma y lo volvimos a poner en el camino. Después de ver que no había pasado nada, todos nos reimos bastante (de él) y le dedicamos algun adjetivo que bien se había ganado, léase inútil, por ejemplo. Volvimos a hacer como si recogíamos.
Pasaron otros diez minutos y vuelve Mayo corriendo gritando que se ha dado un piño. Todos cogimos los coches y fuimos al lugar de los hechos. Cual fue nuestra sorpresa que cuando llegamos vimos el R11 que ya habíamos salvado anteriormente empotrado contra una apisonadora que había aparcada en un lateral del camino, y que por lo visto, no era lo suficientemente grande como para que Mayo la viera y se la comió de pleno. El caso es que él no tenía nada, pero su novia (ahora ex-novia), tenía un golpe bastante fuerte en la frente (se había dado contra el parabrisas). Así que no recuerdo quien, la monto en su coche y se la llevo para el hospital. El resto, otros 3 coches, fuimos de escolta del R11, que todavía andaba, para acompañarlo hasta casa ya que no llevaba luces (los faros se habían quedado con la apisonadora).
Bueno pues ahora viene otro momento delicado de aquel instante, pero que ahora recuerdo y me troncho. Bajábamos como dije antes escoltando al R11 cuando al llegar a la entrada de Navatejera… ¡ CONTROL de la Guarcia civil! y como no, no libramos ninguno, todos paraditos en fila india. Empezamos a soplar de uno en uno, yo recuerdo lo que di yo, 0.71, menos mal que de aquella estaba la cosa en 0.80 y no pasó nada. Luego le toco el turno a Mayo, que tampoco dio positivo, pero claro, según llevaba el coche, empezó el interrogatorio. Salimos todos del coche para explicar a la GC lo que había pasado, y casi ni se lo creían, después de mucho hablar con ellos, nos dijeron que “bueno, vale… aceptamos pulpo” ir para casa y ser buenos. Pero claro, el Vasco no se podía estar callado. con sus 120kg de peso (porque la báscula no daba más), dio positivo por muy poco en la prueba. Y claro, al ver que la cosa se ponía fea le dijo al GC: “Mire usted, que yo tengo familia en el cuerpo”. A lo que el guardia civil, mirándole de arriba a bajo, le dice: “sí, sí, usted en el cuerpo puede tener metido lo que sea”. En aquel momento todos soltamos una carcajada de las que hacen eco. El GC, que era un cachondo…, nos mandó a todos para casa y allí no paso nada.
Después de todas estas odiseas, sobre las 8 de la mañana, ya era de día, me metí en la cama pensando todo lo que había pasado durante la noche y dando las gracias por estar, por fin, en mi lecho descansando entero.
Próximamente las andanzas del Robles y su supercinco (como acabó este, peripecias con herni, apuestas…)