La historia de Robles y sus coches empezó mucho antes de tener carnet, apenas tendríamos 16 años y sucedió lo siguiente:
Recuerdo una noche de invierno, era un sábado, no puedo recordar el año con exactitud, pero principios de los 90, por el 91 o 92. Por aquella época éramos jóvenes (ahhhh que esto no es entrevista con el vampiro). Los padres de David se habían ido y habíamos aprovechado para ir a su casa a jugar con el ordenador y a hacer el indio, como de costumbre. Estábamos, si no recuerdo mal, Robles, Alejandrulo, Herni y yo, y herni ya se tenía que ir a casa, las manecillas del reloj ya sobrepasaban la media noche. Él se iba a ir andando, aunque hay un buen trozo, unos 15 min. andando (esto es a ojo, porque las distancias andando no son mi fuerte), pero David se ofreció a llevarle en el R5 de la madre. Las llaves estaban encima de la mesa como si nos las hubiesen dejado para poder dar una vuelta, y claro, ¿por qué desaprovechar esta oportunidad?
Había que preparar la operación “llevar a Hernán a casa” y cada uno teníamos un rol. A mi en esa ocasión me tocó de vigilar el hueco donde estaba aparcado el coche, es decir, si cogíamos el coche, el coche tenía que quedar exactamente donde estaba aparcado y si nos íbamos todos alguien podía venir y aparcar en ese sitio con la movida que nos supondría luego.
Así que, David arranca el coche, Alejandrulo se monta detrás y Herni se pone de copiloto. Como yo no puede ir, paso a relatar lo que recuerdo después de consultar a las fuentes que iban dentro del coche.
Según alejando, la cosa empezó bien, tranquila, pero al terminar la calle (Obispo Cuadrillero) empezaba un camino (y digo empezaba porque ahora ya no queda nada de camino, esta todo urbanizado) y Solón seguía como si fuera asfalto, a toda leche. Hernán que lo vio muy negro, se quería poner el cinto, pero con los botes que pegaba el coche no era capaz de agarrarlo y una vez que lo agarró no era capaz de abrocharle
. Alejandro en la parte de atrás dando botes e intentándose agarrar donde podía.
Alguna vez me comentó Herní que había pasado bastante miedo. La sensación de ir de un lado para otro y de arriba a bajo sin poder poner el cinturón creo que no le gustó mucho.
Mientras tanto yo esperaba a que llegarán. Recuerdo que se me hacía enterno y yo pensaba que ya deberían estar de vuelta y me comía la cabeza con si les habría pasado algo. Pues si bien ya había bastante nerviosismo, llega un coche y quería aparcar en el único sitio que había en toda la calle, el que había quedado cuando marcharon ellos. Le dijo que no puede aparcar que estoy guardando el sitio y el tío pasa de mi y se mete en el hueco a aparcar. Cuando baja me dice que serán 10 minutos y se pira. Yo me cague en todas y cada una de sus muelas pero no hubo tu tía.
Y como no, llegan David y Alejandro con el R5 y el sitio esta ocupado, le digo al David que aparque en el vado que había al lado que el tío ese en teoría se iba a ir en breve. Intenta aparcar y no es capaz de meterlo, y un coche esperando para pasar. Me dice que lo aparque yo. ¿yo? me caguen tooo otra vez. El caso es que baja David del coche, monto yo le doy marcha atrás y lo meto y queda encajado a la primera de forma increíble. Yo no daba crédito, pero claro, dije algo así como: “¿ves como se hace? a ver si aprendes”. El caso es que ahora teníamos otro problema, si el tío ese no se marchaba el coche quedaría aparcado en otro sitio y los padres se enterarían que habíamos cogido el coche… vaya movida que teníamos encima, se nos iba a caer el pelo (sin propina, sin salir de casa, sin ordenador, sin tele…) me veía el próximo mes arrestado y sin libertades, a parte las hostias que a bien seguro me iban a caer.
Pero cual fue nuestra sorpresa al ver que a la media hora o así, llego otra vez el tipo que nos había quitado el sitio y se pira. Dijimos esta es la nuestra!!! Movimos el coche, lo aparcamos, no con pocos apuros y lo dejamos tal y como estaba.
La operación había sido un éxito y todo volvió a la normalidad.